Las actividades que aquí se analizan son propuestas de aula que muestran lo que los docentes consideran importante evaluar en relación con los aprendizajes de sus alumnos. Algunas de ellas tienen por fin monitorear los avances de los estudiantes en actividades diarias, otras se proponen para promover avances en función de lo que los alumnos ya han aprendido y otras corresponden a procesos de evaluación sumativa. Estas últimas ofician como corte para valorar lo que se ha aprendido, como insumo para tomar decisiones de calificación, aprobación o acreditación o para volver sobre los contenidos evaluados y reorientar los aprendizajes.
En cada una de las propuestas se evalúan, cuando están presentes, los siguientes tres rasgos:
1. La formulación de la instrucción en cuanto a presencia, claridad, motivación, significatividad de la tarea y contenidos conceptuales y procesos cognitivos necesarios para resolverla.
2. La formulación de criterios de evaluación.
3. La coherencia entre lo pedido en la instrucción y lo evaluado.
En algunos casos —por ejemplo, si se trata de una planilla de evaluación—, solo se evalúa uno de los aspectos enumerados. En otros casos, las propuestas son extensas y se muestra solo una parte, mientras se sintetiza la información faltante. En función de lo evaluado, se hacen propuestas de mejora.
Las propuestas están tituladas y ordenadas según sean de evaluación de la lectura, evaluación de la escritura, evaluación de la lectura y la escritura, y evaluación de las normas y el metalenguaje.