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9 de octubre de 2008Perú 21

Urgencia de la reforma de la educación técnica

Un patrón bien establecido en América Latina y en el resto del mundo es que el cambio tecnológico contemporáneo, a diferencia del que siguió a la Revolución Industrial, demanda mayores destrezas del trabajador. En efecto, la Revolución Industrial permitió la sustitución de artesanos relativamente calificados por mano de obra menos hábil y más enfocada en tareas más específicas y mecánicas. La evidencia alrededor del mundo sugiere que, por el contrario, el actual cambio tecnológico requiere mayores habilidades. Así, en las últimas dos décadas, las recompensas en términos de ingresos que reciben las personas por tener educación básica han caído y, en cambio, se han elevado las retribuciones a los que alcanzan la educación superior: esto es, la brecha entre lo que ganan los trabajadores calificados y no calificados ha crecido.

El patrón es similar en el Perú. En los últimos dos ciclos de expansión económica, los beneficios por tener educación secundaria han descendido, mientras que los rendimientos de tener educación universitaria han crecido. Esto se ha dado en un contexto en el que el nivel educativo de la PEA se viene elevando: los trabajadores con educación primaria (o menor) son una porción cada vez más pequeña de la PEA, mientras que aquellos con secundaria y superior no universitaria han incrementado su presencia en el mercado laboral. La caída de los retornos a la educación secundaria está asociada a este aumento en la oferta relativa de trabajadores con nivel secundario. La gran paradoja es que los retornos a la educación superior no universitaria no han seguido el mismo patrón que la universitaria y el de otros países de la región, sino, más bien, han caído. La pregunta de por qué viene ocurriendo esto es importante porque, así como cada vez más jóvenes completan la secundaria, también buscan en carreras técnicas la preparación para el mercado laboral que la secundaria no les brinda.

La respuesta no está por el lado de la demanda: las empresas requieren cada vez más personal calificado. En la última década, la demanda de trabajadores con educación superior no universitaria ha crecido más rápidamente que la de aquellos con nivel universitario. El problema está en la oferta: no existe un sistema que asegure niveles mínimos de calidad para la formación técnica, ni sistemas de información para que los jóvenes o sus padres puedan discriminar entre entidades buenas y malas. Se desperdician las oportunidades que trae el cambio tecnológico y cada vez más jóvenes ven frustradas las expectativas que los llevaron a invertir en su formación. Una reforma de la educación superior no universitaria que apunte a mejorar su calidad debería ser una prioridad para las políticas de gobierno.