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1 de noviembre de 2001El Comercio

Sobre la pequeña agricultura

Una salida, que no despoje a los productores de sus tierras debe pasar por separar la gestión de la propiedad. Para lograrlo hay que mirar dos tipos de arreglo, que son muy prometedores en el caso peruano: la agricultura por contrato y los centros de gestión empresarial.

El desarrollo del sector agrario continúa siendo objeto de gran prioridad, pero también de gran confusión en círculos académicos y políticos de nuestro país. A estas alturas, es claro que no podemos limitarnos a las recetas de la década pasada, y que se debe entrar a atacar las fallas estructurales del sector. La mayoría está de acuerdo con que las características del sector son la atomización de la estructura de propiedad de la tierra, los altos costos de transacción y la escasez de capital humano y gerencial, especialmente en los pequeños propietarios.

En tal sentido, la reforma de los años noventa parecía resolver estos problemas a través de una liberalización del mercado de tierras, que permitiera la re-concentración de la propiedad y su transferencia a agentes con mayor capital humano y gerencial, los que obviamente estaban fuera del sector. En ese marco, es entendible una fuerte oposición política a esta reforma, con trabas a la liberalización de los mercados de tierras, y especialmente los de aguas y bosques forestales, además de planteamientos proteccionistas en busca del apoyo político de un importante grupo de votantes.

Este clientelaje político observado en la década anterior podría acentuarse con un Congreso elegido a partir de distritos múltiples, y con la apertura a la concertación que trae este gobierno, en contraposición al estilo de su antecesor. Un ejemplo sería la fijación actual en el tema del banco agrario, con planteamientos poco técnicos.

Esta situación nos exige la generación de un modelo de desarrollo que nos lleve a la anhelada transformación productiva, pero que incluya a los pequeños agricultores.

¿Es posible apoyar su viabilidad en medio de una reforma que busca sostener al mercado como principal asignador de recursos? Por supuesto que sí. Lo que hay que hacer es reducir costos de transacción e incorporar capital gerencial al manejo de las pequeñas unidades productivas agrarias.

El capital gerencial

En este artículo quiero concentrarme en la incorporación de capital gerencial, porque las políticas para la reducción de costos de transacción son algo más conocidas.

El tema de la pequeña agricultura no es sólo su tamaño, sino también la baja capacidad gerencial de los que manejan esas unidades. Una salida que no despoje a estos productores de sus tierras debe pasar por separar la gestión de la propiedad. Para lograr ello, hay que mirar dos tipos de arreglos: la agricultura por contrato y los centros de gestión empresarial. Ambos suponen una transferencia de importantes decisiones gerenciales hacia la empresa agro-industrial o hacia un grupo de profesionales que ofrecen servicios gerenciales.

Hay algunos casos exitosos que surgieron espontáneamente en la costa peruana, asociados a la exportación de productos no tradicionales, pero hay varios problemas que han restringido su expansión.

Uno de los principales obstáculos es el de la transparencia de los acuerdos entre los pequeños productores y estos aliados estratégicos. Sin precios de referencia adecuados ni un mecanismo transparente de clasificación de la calidad del producto, este tipo de arreglos termina en conflictos.

En tal sentido, el Estado puede jugar un papel fundamental con la generación de servicios que contribuyan a la transparencia de estos arreglos, por ejemplo, brindar información y certificación de calidad. Las persistentes intervenciones distorsionadas del Estado habrían desincentivado el desarrollo de un mercado que promuevan este tipo de acuerdos y servicios profesionales. Corregir hoy estas distorsiones es crucial porque viabiliza la pequeña agricultura, permitiendo un desarrollo más equitativo del sector y eliminando las trabas políticas para la consolidación de las reformas de mercado iniciadas la década pasada.