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16 de octubre de 2020

Más allá de los transgénicos: tecnología e innovación para una nueva revolución verde en el Perú, por Ricardo Fort

Hoy el Congreso debate la moratoria al ingreso y producción de productos transgénicos. Si bien los organismos modificados han generado debate por la posibilidad de tener efectos negativos sobre la biodiversidad y la salud, así como por la concentración de patentes, existen otros avances tecnológicos que podrían mejorar los cultivos y las condiciones de los productores agrarios. En este artículo, Ricardo Fort escribe sobre la necesidad de una nueva revolución verde en el Perú, pero enmarcada en una estrategia nacional con miras al futuro.

Por: Ricardo Fort

Los problemas de alimentación han perseguido siempre a la humanidad. Para cubrir las necesidades de una población creciente se expandieron las áreas cultivadas y se aumentó la mano de obra en los trabajos agrícolas. Cuando las tierras fértiles empezaron a escasear, las nuevas expansiones ya no ofrecían los mismos niveles de producción. A ello se sumó los avances científicos que empezaron a ampliar la esperanza de vida y las tasas de nacimientos. Contar con menos tierras y más población que atender generó, siglos atrás, un pesimismo obvio sobre el futuro de nuestra especie, como lo planteara Thomas Malthus en el siglo XIX al encontrar que mientras los alimentos crecían en progresión aritmética la población aumentaba de manera geométrica, encontrándose entonces siempre limitada por los recursos naturales disponibles.

Sin embargo, en el siglo XX, la innovación científica y el cambio tecnológico aplicado a la agricultura se encargarían de matizar la tesis Maltusiana. La mecanización de diversas tareas primero, y la llamada Revolución Verde después, lograron dar un salto gigantesco en la productividad del sector, al punto que la tasa de crecimiento de la producción de alimentos empezó a superar a la de la población.

La Revolución Verde generó y difundió semillas mejoradas, más resistentes a enfermedades y plagas, y promovió nuevas prácticas agropecuarias como el uso de fertilizantes y pesticidas inorgánicos, y la masificación del riego en las parcelas, logrando un fuerte incremento en rendimientos. Este cambio técnico, que empezó en los países industrializados gracias a una cuantiosa inversión pública en investigación científica, tuvo serias dificultades para trasladarse a los países menos avanzados, y solo fue posible su aplicación limitada en ellos con enormes proyectos de apoyo de la cooperación internacional.

Entrado el siglo XXI, el sector agrícola vuelve a enfrentar enormes retos para alimentar a los cerca de 10 mil millones de personas que la FAO calcula que habitarán el planeta en el año 2050. Se estima que para entonces la producción alimentaria debe crecer nada menos que en un 70%, en un contexto de desaceleración de la tasa de crecimiento de los rendimientos de los principales cultivos (0.8% en los últimos años versus 1.7% histórico según OECD y FAO). Esto, además, en un escenario con limitadas nuevas tierras cultivables, una demanda creciente por agua fresca, nuevos patrones de alimentación de la población urbana creciente (más proteínas y alimentos procesados, pero también tendencia alimentación saludable), la necesidad de mitigar los efectos del cambio climático, y la preocupación por las millones de personas que aún sufren hambre y desnutrición en el mundo.

Los sistemas de producción convencionales en la actualidad, intensivos en el uso de recursos naturales e insumos, que han causado una deforestación masiva, escasez de agua, erosión de los suelos y altos niveles de gases de efecto invernadero, tendrán que transformarse sustancialmente para aumentar la productividad del sector de manera sostenible. El mundo necesita una nueva revolución verde. Y esta vez, parecen ser la biotecnología y el internet de las cosas, las que impulsarán el desarrollo del nuevo sector agrícola dado sus importantes avances y aplicaciones recientes.

Avances tecnológicos y sus aplicaciones en agricultura

La biotecnología, entendida como toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos para usos específicos, es una de las disciplinas donde más avances se registran en cuanto a aplicaciones para la agricultura en los últimos años. Si bien los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), que tanto debate han generado por la posibilidad de tener efectos negativos sobre la biodiversidad y la salud, así como por la concentración de patentes, son uno de los resultados de estas técnicas, se vienen desarrollando algunos otros métodos que podrían mejorar los cultivos y con suerte lograr mayor consenso sobre sus beneficios.

Por ejemplo, utilizando técnicas modernas de cruce entre variedades que naturalmente no se reproducen (plant tissue culture), el proyecto NERICA (New Rice for Africa) ha logrado combinar el arroz asiático de altos rendimientos con la habilidad del arroz africano para sobrevivir en ambientes hostiles. Otras instituciones, como la Gates Foundation, vienen trabajando en nuevas técnicas de selección o edición genética en cultivos (genome selection), lo que podría acelerar la identificación de genes más resistentes.

Por su parte, el “internet de las cosas” aplicado en la agricultura presenta grandes promesas. La interconexión a través del internet permite recolectar, analizar, y distribuir información creando nuevas oportunidades de acceso al conocimiento. El desarrollo de la llamada “agricultura de precisión”, por ejemplo, permitirá aplicar los tratamientos correctos a los cultivos en el espacio preciso y el tiempo indicados, utilizando herramientas como sistemas de auto-guía (AGS), servicios de mapeo web, sistemas de posicionamiento global (GPS), sensores de observación, entre otros. Con ello, los agricultores hoy pueden monitorear en tiempo real los parámetros del suelo o las condiciones de las plantas así como la presencia de plagas o enfermedades, que pueden ser atendidas remotamente mediante pequeños robots o drones. Por ejemplo, la empresa Bayer ha lanzado ya la aplicación móvil “Weed” que permite identificar distintas variedades de malezas que afectan a los cultivos con solo tomar una foto de la planta. En la Universidad de Sydney en Australia, se ha desarrollado un pequeño robot a ruedas y energía solar, que puede utilizar aplicaciones móviles como la mencionada para eliminar maleza a control remoto usando pequeñas dosis de pesticidas, o incluso microondas o laser si se quiere mantener una certificación orgánica.

Este nuevo ambiente inteligente creado por la interconexión de objetos y flujo de información podría también facilitar la accesibilidad a distintos mercados, así como los procesos de almacenamiento y comercialización de productos agropecuarios. La demanda de diversos productos con condiciones específicas podrá ser monitoreada en tiempo real tanto por los productores como por los consumidores, a la vez que contarán con el movimiento de los precios en distintos escenarios. Las pérdidas de producto, frecuentes durante los procesos de comercialización, también podrán reducirse con el uso de sensores de temperatura y procesos de maduración instalados en los conteiner, que permitan gatillar cambios en las condiciones de almacenamiento y evitar mermas.

La diversidad de la agricultura Peruana: ¿de problema a oportunidad?

Como han señalado diversos autores al estudiar el impacto de la Revolución Verde y las nuevas oportunidades que surgen de los cambios técnicos, el desarrollo efectivo de estas depende de los costos de las mismas (tanto de la investigación y desarrollo como de la adopción), de las características estructurales de las zonas y los productores, así como del ambiente institucional y las políticas de las que forman parte.

El Perú es un país de grandes contrastes y su agricultura no es una excepción. Según estimaciones de Escobal y Armas (2015)1 en base a los activos e ingresos de los agricultores peruanos, más del 70% de estos desarrollan una agricultura principalmente de subsistencia con bajo uso de insumos modernos y alta dependencia de mano de obra familiar, la gran mayoría ubicados en la Sierra del país, mientras que menos del 10% pueden ser considerados agricultores consolidados que cuentan con sistemas agrícolas dinámicos y bien integrados a las cadenas locales y/o internacionales. Estas diferencias son además claramente distinguibles a nivel territorial. Como nos muestran los resultados del último Censo Nacional Agropecuario (2012), mientras que en la Costa, por ejemplo, el 76% cuenta con sistemas de riego para sus cultivos, solo el 38% los tiene en la Sierra. 40% de los productores costeños están acostumbrados al uso de semillas mejoradas, mientras solo un 6% lo está en la Sierra y 11% en la Selva. Quizá más crítico aún es el acceso al financiamiento para la actividad agrícola, dado que muchas de las nuevas tecnologías requerirán inversiones iniciales importantes. Solo el 8% de agricultores a nivel nacional ha recibido crédito de alguna institución financiera: 20% de los productores de la Costa, 5% en la Sierra y 10% en Selva.

La eficiencia con que se usan los insumos para maximizar el potencial productivo con las tecnologías actuales, difiere enormemente entre estas zonas, como podemos apreciar en el siguiente mapa2. Las mejores condiciones y acceso a servicios e infraestructura en la mayoría de provincias costeñas y algunas cuantas en valles de la Sierra y Selva, permiten que sus productores hayan logrado desarrollar sistemas más eficientes que los situados en gran parte de la Sierra y Selva del país.

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Dado este escenario, es plausible que las nuevas tecnologías mencionadas se puedan adaptar y aplicar con mayor facilidad en las zonas que presentan actualmente mayor eficiencia, tomando en cuenta las nuevas demandas de mercado y el despliegue de políticas públicas necesarias.

Para la Costa más dinámica y eficiente, integrada exitosamente a mercados de exportación, será fundamental por ejemplo la promoción de nuevos sistemas de irrigación inteligente que reduzcan la necesidad de uso de agua, para reducir los actuales costos gigantescos que requiere. Gran parte del boom agroexportador peruano de las últimas dos décadas se ha gestado sobre tierras áridas puestas en valor con grandes y costosos proyectos públicos de irrigación. Las aplicaciones del internet de las cosas, que de hecho ya tiene ciertos avances en el uso de drones e imágenes satelitales en algunas plantaciones modernas (espárragos en costa sur, uva de mesa en costa norte), debería ser la norma en el futuro cercano. De hecho, cada vez más productores costeros que solían dedicarse a cultivos tradicionales para el mercado local se vienen integrando a estas cadenas de valor con interesantes resultados. El desarrollo de plataformas público-privadas que permitan una mayor integración de pequeños productores a estos circuitos y que faciliten la adaptación y adopción de nuevas tecnologías es una labor fundamental del Estado.

No debemos olvidar, sin embargo, la importancia de muchos agricultores dedicados a productos de consumo masivo (arroz, maíz, papa, plátano, etc.), tanto en la Costa como en algunas regiones de la Sierra y la Selva, que abastecen nuestros mercados locales. La investigación y/o adaptación de nuevas variedades de estos cultivos a las condiciones específicas de nuestras regiones productoras, es crucial para el futuro de la alimentación interna del país, por lo que mayores, y mejor orientados, fondos públicos para instituciones como el CONCYTEC o el Programa Nacional de Innovación Agraria-PNIA resultan claves.

Ahora, ¿es posible aprovechar las nuevas tecnologías para empezar a cerrar las brechas entre regiones y tipos de productores agrarios? Encontramos algunos elementos que podrían ayudar a cumplir este objetivo: el avance de la conectividad en zonas rurales, el valor de la biodiversidad, y el crecimiento de “nichos” de mercado de productos de alto valor nutritivo cultivados en condiciones orgánicas y ambientalmente sostenibles.

Pese a las diversas carencias y la marginalidad que aún presentan muchas de estas zonas, un cambio fundamental que podría abrir oportunidades para el uso de nuevas tecnologías es el avance de las telecomunicaciones. Un estudio reciente donde analizamos los factores que determinan mayores ingresos de los hogares rurales del país3, encuentra que si bien el acceso a servicios básicos (agua, electricidad) y activos productivos (riego, maquinaria) es fundamental para mejorar los niveles de vida, la complementariedad de estos con el acceso a telecomunicaciones genera un efecto adicional muy importante en el nivel de bienestar de los hogares (ver gráfico).

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Actualmente, el 40% de los centros poblados rurales cuentan con cobertura móvil, lo que abastece a más del 65% de la población rural (OSIPTEL 2017). En los últimos 10 años, el número de hogares rurales con al menos un celular ha pasado del 30% a más del 75%. Esta tendencia implica que al menos el acceso a información en un mundo cada vez más interconectado estará al alcance de estos hogares. Videos de capacitación y asistencia técnica, cursos online sobre manejo de cultivos, información en tiempo real de precios de insumos y productos en distintos mercados, pueden contribuir a palear los actuales limitantes de la geografía adversa. Sin embargo, el correcto análisis y aplicación de esta información necesita de receptores capacitados. La educación de los productores rurales es una tarea ineludible, y aún pendiente, del Estado Peruano.

Pero como mencionamos anteriormente, aprovechar estos avances dependerá en buena medida de las oportunidades de mercado que encontremos para los productos tradicionales de estas zonas. El Perú es uno de los cuatro países más megadiversos del planeta, lleno de especies y variedades únicas en el mundo y mantenidas durante siglos con técnicas ancestrales. Muchos de estos cultivos contienen características especiales que pueden volverlas de alto valor en los mercados internacionales, como ha ocurrido en cierta medida con la quinua orgánica, la maca andina, los cafés especiales, el aguaymanto o golden berrie, las papas nativas, o el cacao de origen. Si bien la demanda por estos productos representa un nicho muy pequeño en términos globales (por ejemplo, solo el 1% de la demanda total de alimentos es de productos certificados orgánicos), su tasa de crecimiento ha sido de más del 25% anual en la última década. El creciente reconocimiento internacional de nuestra gastronomía nos abre además un camino como proveedores mundiales de insumos gourmet de alta calidad. En este sentido, mayor investigación sobre las oportunidades que genera nuestra biodiversidad, así como la promoción de emprendimientos que la pongan en valor y busquen retribuir adecuadamente a sus guardianes, aparecen como tareas fundamentales para insertarnos en el futuro cercano. El recientemente creado fondo concursable del Ministerio de la Producción, RetoBio, es un ejemplo de política pública que avanza en este sentido.

Finalmente, si bien hemos tratado de resaltar las oportunidades que generarían estas nuevas tecnologías, no podemos dejar de lado un aspecto de las mismas que genera cierta preocupación y podría afectar negativamente a los hogares rurales. Nos referimos a la menor necesidad de mano de obra no calificada que pueden generar los nuevos sistemas de producción agrícola. Tanto para las plantaciones modernas de la Costa que actualmente se nutren de jornaleros estacionales, como para las pequeñas unidades agropecuarias en la Sierra que en su mayoría emplean a los mismos miembros del hogar en las tareas agropecuarias, este posible efecto requiere una mirada que vaya más allá de los efectos en el sector agrario. ¿Qué otras oportunidades de empleo se pueden vislumbrar para estos trabajadores?

Como hemos visto, si bien las oportunidades para aprovechar los avances de la tecnología no son pocas, se necesita aún mucho trabajo para mejorar las condiciones de los productores rurales, en base a una visión conjunta del camino a seguir y políticas diferenciadas por regiones y/o tipos de agricultores, enmarcadas dentro de una estrategia nacional de desarrollo rural con miras al futuro.

1 En Agricultura Peruana: Nuevas miradas desde el Censo Agropecuario. Javier Escobal, Ricardo Fort y Eduardo Zegarra (Eds.). Lima: GRADE, 2015.
2 Un estudio reciente de GRADE ha estimado la meta-frontera de producción agrícola para el país utilizando la Encuesta Nacional Agropecuaria del 2015 y otras fuentes de información, lo que permite calcular que tan cerca o lejos de esa frontera se encuentran los productores agrícolas por provincias.
3 Fort et al (2015). ¿Es necesaria una nueva estrategia de desarrollo rural? GRADE, Lima.