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22 de julio de 2008El Comercio

La inflación de los alimentos

La información sobre inflación de alimentos adquiere crucial importancia para la toma de decisiones en el contexto actual. El shock de precios de alimentos ya ha afectado a millones de familias peruanas y la evidencia señala que el efecto ha sido bastante diferenciado entre Lima y el interior del país, y entre zonas urbanas y rurales, algo que la estadística oficial no refleja apropiadamente. Por ejemplo, la inflación anualizada de alimentos a junio del 2008 ha sido de 9,8% en Lima, pero de 15% en Pucallpa, de 17% en Chimbote, de 18% en Tacna, de 20% en Chiclayo y Cusco, y de 22% en Moquegua. La mayor tasa inflacionaria de alimentos con respecto a Lima (que tiene la menor tasa en todo el país) se ha sentido en prácticamente todo el resto de capitales de departamento.

Es por esto fundamental que el INEI empiece a presentar las cifras de inflación de alimentos en forma más detallada a nivel geográfico señalando las tendencias más importantes acumuladas desde que se inició el actual proceso de alzas (junio 2007).

En segundo término, en un estudio reciente medimos la inflación de una canasta de 14 rubros alimenticios sobre la base de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) y encontramos que la inflación en las zonas rurales ha sido el doble que en las zonas urbanas del país en el 2007. Esto indica que la inflación alimentaria ha afectado mucho más a las zonas rurales, en donde el componente de alimentos es mucho mayor en el gasto de las familias.

No obstante, el INEI no mide precios en zonas rurales, lo que deja por lo menos a un tercio de la población nacional fuera de la información necesaria para tomar medidas de política. No extraña que el Gobierno solo haya atinado a un cuestionado reparto de bolsas de alimentos en algunas zonas periféricas de Lima, sin mayor atención a lo que viene sucediendo en el resto del país.

Lo que ocurre con la inflación de alimentos requiere de mayor atención a la situación de los grupos vulnerables. Un 40% de peruanos vive en pobreza, cifra que sube a 70% en zonas rurales. Si los precios de alimentos se han incrementado entre 15% y 20% en un año, la capacidad de compra de las familias pobres se ha reducido de manera desproporcionada y enfrentan un potencialmente grave deterioro alimentario. Hemos calculado con Enaho que el déficit calórico ha aumentado en 3% en las familias peruanas en el segundo semestre del 2007 con respecto al mismo período del 2006. En medio del alto crecimiento económico, al Gobierno se le ha »pasado» este dato fundamental.

Es crucial que se tomen medidas inmediatas para evitar que se deteriore aun más la situación alimentaria de millones de peruanos. Para empezar, se deben analizar con mayor cuidado las cifras de inflación para evitar el sesgo Lima y que así se descuide a las regiones donde el descontento es creciente y generalizado.

El INEI debe implementar inmediatamente una metodología para medir los precios de alimentos en zonas rurales y en ciudades intermedias, donde tenemos millones de ciudadanos que no tienen representación en las estadísticas oficiales. Finalmente, el Gobierno debe evaluar con seriedad la creación de un consejo nacional de seguridad alimentaria para enfrentar con políticas coherentes y de alto consenso este complicado panorama.