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5 de marzo de 2013Le Monde

¿La democracia participativa es más eficaz en las decisiones presupuestarias?

Opinión de Pierre Jacquet, presidente de Global Development Network (GDN), en base al estudio «¿Cuál es el efecto del presupuesto participativo en la calidad de los servicios públicos?» de Lorena Alcázar y Miguel Jaramillo, Investigadores Principales de GRADE.

Traducción al español:

¿La democracia participativa es más eficaz en las decisiones presupuestarias? por Pierre Jacquet, presidente de Global Development Network (GDN)

La participación de los ciudadanos debería guiar las necesidades de inversión pública de las poblaciones, especialmente de las más pobres, tal como suelen afirman los estudios del Banco Mundial. Es a Miguel Jaramillo y Lorena Alcázar del Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE), un ThinkTank en Lima (Perú), a quienes le debemos uno de los primeros estudios empíricos sobre el impacto de la participación de las poblaciones locales en las decisiones presupuestarias sobre la calidad del servicio público.

En su artículo «¿Cuál es el efecto del presupuesto participativo en la calidad de los servicios públicos?» que será publicado en la serie «Working Papers» del Banco Interamericano de Desarrollo, los autores proporcionan un análisis detallado del impacto de las decisiones presupuestarias participativas, obligatorias para las regiones y las comunidades locales del Perú desde el año 2004, en la cobertura y calidad del abastecimiento de agua. Este mandato no detalla la parte de la inversión pública de acuerdo a esta consulta pero la existencia de grandes desigualdades en su aplicación les permite analizar el impacto de este ejercicio de democracia participativa.

Los autores construyen cuidadosamente una base de datos de diferentes fuentes en el caso de los distritos (naturaleza de las inversiones públicas, cobertura y calidad del abastecimiento de agua, usuarios relacionados a la participación…). Analizan la robustez del contenido de las correlaciones entre las diferentes medidas del proceso participativo (número de personas implicadas, volumen de los presupuestos interesados, etc.) y las medidas de calidad del agua. En definitiva, no hay indicios para afirmar una relación robusta entre la intensidad de la participación y la calidad de los servicios de agua.

No es la panacea

Hay varias razones que pueden explicar estos resultados. La participación no siempre garantiza que los intereses de las poblaciones estén representados en gran medida y con eficacia. Además, si bien el proceso para el Perú es necesario, la extensión de su aplicación sigue siendo circunstancial y parcial, lo que no garantiza que el agua y el saneamiento reciban prioridad de acuerdo a las necesidades de la población. La capacidad fiscal local es, a menudo, demasiado baja para asegurar que el proceso no se reduzca a pequeñas inversiones, esencialmente consagradas a la renovación de equipo. Sobre todo, su impacto está vinculado a la jurisdicción de servicios técnicos y financieros locales a menudo bajos.

Por otra parte, el estudio confirma que la participación de las mujeres –las más preocupadas por la salud de los niños y su acceso al agua– puede cambiar. En un contexto de descentralización, esta participación obliga a los gobiernos locales a mejorar la calidad de los servicios básicos.

Los resultados confirman que, más allá de promesas intuitivas, el enfoque participativo sigue siendo marginal y no logra encajar en un esfuerzo más amplio, no es la panacea en términos de gestión pública. En definitiva, no puede ser sustituida por la existencia de funcionarios electos locales responsables y visionarios.

Fuente: Le Monde