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¿Fracasando en la escuela? Sí. ¿Víctimas de guerra? No
Título original: Failing in School? Yes. Victims of War? No
Riordan, Cornelius. (2003). En: Sociology of Education, Vol. 76 (Octubre 2003): 369-372.
En el mes de octubre del año 2003, la revista Sociology of Education decidió incorporar una nueva sección, llamada Perspectives, destinada a abordar áreas de la educación que a veces resultan controvertidas y de gran interés para investigadores y lectores no académicos, con la idea de fomentar el diálogo, el debate y la reflexión crítica. La primera sección de Perspectives, estuvo dedicada a género y educación.
La relación entre educación e inequidad de género ha traído la atención de investigadores durante décadas; se han generado debates en trono a cuestiones como si uno u otro género es favorecido en la educación escolar formal, si la educación ha sido efectiva en cambiar la desigualdad de género en la sociedad y si la educación como institución reproduce o fomenta la desigualdad basada en el género ya que ésta va ligada a otras formas importantes de desigualdad. Pese a años de investigación y debate público, estas interrogantes continúan sin resolverse y los autores de esta sección, que en esta ocasión son sociólogos, las formulan de diversas maneras, produciendo ensayos cortos sobre las tendencias en desigualdad de género en educación, se explican los patrones de cambio y estabilidad en la desigualdad de género y cómo pueden los investigadores enfocar de la mejor manera el análisis a estas alturas de la historia.
En este artículo, el sociólogo Cornelius Riordan señala que en la última década, sobretodo en los últimos años, muchos libros e informes científicos han sostenido que las mujeres despuntan de manera significativa, en promedio, en la mayor parte de los principales indicadores de resultados educacionales. Esto nos lleva a pensar que el gran esfuerzo de Estados Unidos por lograr la equidad de género ha sido efectivo. A pesar de que muchas intervenciones de política social tienen efectos nulos (como sucede a menudo con los esfuerzos por modificar las disparidades sociales), estos resultados positivos para las mujeres no son de sorprender, dada la magnitud de la intervención. Sin embargo, como resultado de estas tendencias, son los varones más que las mujeres, quienes se ven más perjudicados en los resultados de muchas escuelas.
Según el autor, sugerir que existe una crisis en lo que a los niños en la escuela se refiere, no implica que no haya áreas en la escuela y fuera de ella donde las niñas requieran más atención que los niños. Más bien sugiere que las políticas educativas sobre equidad de género de los últimos treinta años han sido relativamente exitosas y que tras este éxito, las necesidades específicas de los niños exigen una reevaluación cuidadosa.
En el año 2003, aproximadamente el 60% de las aplicaciones para ingresar a "colleges" y universidades norteamericanas fueron de mujeres y 40% de varones.
El problema tampoco puede observarse en los datos sobre expectativas laborales entre hombres y mujeres. En 1972 sólo había una brecha pequeña a favor de las mujeres que se graduaban de la educación secundaria que esperaban obtener títulos "profesionales" antes de los treinta años. En 1992, esta brecha se había incrementado dramáticamente, lo cual no resulta una sorpresa si se tiene en cuenta que más mujeres que hombres asistían a la universidad en esa década. Más aún, en 1972 más hombres que mujeres se matriculaban en la preparatoria, mientras en el año 1992 esta situación se revirtió por completo.
También existen otros indicadores que merecen atención: las niñas han obtenido mejores calificaciones que los niños y aproximadamente tres veces más niños que niñas están matriculados en escuelas y clases de educación especial en ese país. Además, más niños que niñas están involucrados en todo tipo de crímenes, conductas delictivas y violentas y uso de alcohol y drogas, tanto dentro como fuera de la escuela. Varios informes del NCES (National Center on Education Statistics) han hallado resultados desfavorables para los niños en estudios de menores de entre tres y cinco años.
Una consecuencia de este escenario es el creciente pool de hombres que terminaron la escuela y no encuentran empleo.
Por supuesto, existen otros factores que deben tomarse en cuenta al estimar/ la dirección de la brecha de género: uno de ellos es el nivel de acoso sexual que se da dentro y fuera de la escuela; otros punto es que los resultados educacionales no se transfieren inmediatamente en cambios fuera de la escuela.
Si persisten las ventajas educacionales para las mujeres, las mismas conducirán a una mayor equidad de logros ocupacionales y de ingresos, pero esa mayor equidad aún no es una realidad. Las mujeres continúan subvaluadas en los lugares de trabajo, excluidas de puestos de liderazgo en muchos empleos u ocupaciones y reciben salarios menores en comparación con varones/hombres con las mismas calificaciones.
Para finalizar, el autor señala que hay que reconocer que los varones no están prosperando en la escuela en comparación con las niñas/mujeres. Es por ello que las necesidades educacionales de los varones requieren un estrecho monitoreo en la siguiente década que pueda conducir a un enfoque más equilibrado del estudio de la equidad de género en las escuelas.
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