opinión
 
 
Lo que queda de los siete ensayos
Manuel Glave
El Comercio, 23/10/2003 / [8349]

La crisis institucional boliviana ha vuelto a poner sobre el tapete la cuestión indígena. Más allá de las diferencias nacionales en la región andina, el autor sugiere volver a leer y descubrir a José Carlos Mariátegui para entender mejor la realidad social andina contemporánea

Está pasando desapercibida ante la opinión pública la celebración de los setenta y cinco años de la publicación de los “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”. Con la excepción de una serie de charlas que organiza la Casa-Museo Mariátegui, y de alguna otra actividad académica, a lo largo del año los siete ensayos no han sido motivo de reflexión. Uno podría deducir que detrás de esto existe la percepción de que los célebres ensayos del amauta ya no brindan elementos de análisis válidos para la coyuntura social y económica actual. Sin embargo, una relectura de los ensayos rápidamente nos lleva a redescubrir un conjunto de hipótesis de trabajo que mantienen una vigencia analítica extraordinaria. Volver a leer a Mariátegui debería ser un ejercicio muy útil ahora que la cuestión indígena ha recobrado importancia en la región andina.

Si queremos seleccionar algún tema de los ensayos tendremos que arribar a la discusión acerca de los límites que enfrentan los mercados de tierra y trabajo para desarrollarse libre y plenamente como mercados capitalistas. Si bien es cierto que Mariátegui centra el análisis de estos mercados en el contexto de relaciones feudales de producción, tanto en la agricultura andina como en la costeña, las razones por las que la economía peruana no ha podido desarrollar en forma capitalista estos mercados no distan mucho del análisis que encontramos en el ensayo sobre el problema de la tierra.

Mariátegui pensaba que la clase terrateniente había reproducido a lo largo de la república una enorme incapacidad de absorber mano de obra asalariada y, por otro lado, no dejaba que se desarrollara el mercado libre de tierras. Esta situación se repite hoy, cuando a pesar de que han pasado ocho años de la promulgación de la nueva Ley de Tierras, la agricultura costeña, en particular la de pequeña escala, que representa más de tres cuartas partes de la tierra cultivable y cerca del 80% de las unidades de producción, sigue enfrentando una seria restricción de capital, con muy poco nivel de inversión y acumulación de capital.

En los últimos años, sobresale el desarrollo de la agricultura de contrato, que permite una articulación exitosa entre pequeños agricultores y empresarios exportadores, junto con procesos de inversión y acumulación asociados a los procesos de privatización de tierras del Estado en proyectos de riego como el modelo de Chavimochic. En los años 20, Mariátegui se refería con mucho entusiasmo a algunos pocos casos, como la irrigación de Chancay y otros proyectos de riego, donde se promovía un modelo de transformación capitalista de la agricultura de costa, vinculados de alguna manera al trabajo de Charles Sutton, Jefe de la Comisión de Irrigación de Piura y Lambayeque durante el oncenio de Leguía.

Otro de los temas centrales en el problema de la tierra es la vigencia de la organización comunal. Actualmente, la importancia cuantitativa de las comunidades campesinas y nativas es incuestionable. En ellas viven cerca de una cuarta parte de la población del país, y en ellas se produce cerca del 20% del producto bruto agropecuario. Pero además, las comunidades juegan un papel central para resolver los problemas de empleo, conservación de recursos naturales, y seguridad alimentaria. El control ecosocial que ejerce la organización comunal ha sido resaltado por varios investigadores agrarios, e inclusive se ha sugerido que la única manera de promover un mercado de tierras en los andes es a través de la propia organización comunal.

En última instancia, no sugerimos recrear un modelo socialista, ni mucho menos volver al pasado ignorando la gran transformación social, económica y política que hemos vivido en los países andinos y en el mundo. Pero sí es urgente rescatar a un clásico del pensamiento latinoamericano, a quien el mejor homenaje que le podemos hacer hoy es volver a leerlo y descubrir cómo su pensamiento nos sigue ayudando a entender las causas estructurales del escaso desarrollo de los mercados.